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Alperujo como fertilizante: el modelo de economía circular de Treurer

¿Puede un olivar mallorquín del siglo XVII ser un modelo de futuro? En Finca Treurer, la respuesta es sí. Mientras el debate sobre la sostenibilidad llena titulares, esta finca familiar de Algaida lleva años construyendo un sistema de economía circular real, concreto y medible: uno en el que cada subproducto del aceite de oliva vuelve a la tierra que lo generó, y nada se pierde por el camino.

Contenido del artículo

  1. Un olivar con historia y una visión de futuro
  2. El alperujo como fertilizante: de residuo a recurso
  3. Cómo se elabora el compost en Treurer
  4. Más prácticas de economía circular en el olivar
  5. Certificación y rigor agronómico
  6. El agroturismo como pieza del sistema circular
  7. Tradición mallorquina y economía circular
  8. Preguntas frecuentes

Un olivar con historia y una visión de futuro

La finca se asienta en es Pla, la llanura central de Mallorca, frente al Puig de Randa. Joan Miralles plantó aquí tres mil olivos de variedad arbequina hace casi dos décadas con una idea clara: producir un aceite de oliva virgen extra que reflejara el carácter de la isla, natural, sostenible y honesto. Hoy, su hijo Miquel lidera el proyecto con la misma convicción, pero con herramientas más sofisticadas.

Lo que empezó como una apuesta familiar se ha convertido en una referencia del sector. Treurer ha recibido reconocimientos internacionales —medallas de oro en el NYIOOC de Nueva York y el primer puesto en la Guía Iber Oleum— y, al mismo tiempo, ha construido un modelo de prácticas sostenibles que va mucho más allá del marketing verde. La economía circular no es aquí un eslogan: es la arquitectura del negocio.

Como explica Miquel Miralles, “la tierra, el sol y los árboles producen el aceite; nosotros solo tenemos el trabajo de extraerlo con respeto, dedicación y altos estándares”. Esa filosofía impregna cada decisión agronómica y ambiental de la finca.

El alperujo como fertilizante: de residuo peligroso a recurso ecológico

El gran reto ambiental de cualquier almazara es el alperujo: la pasta sólida que queda tras exprimir las aceitunas para extraer el aceite. Contiene restos de pulpa, piel y hueso de aceituna, y durante décadas se clasificó como residuo problemático con potencial contaminante para suelos y acuíferos. La práctica habitual en el sector es cederlo a extractoras de orujo o gestionarlo como residuo industrial, con el coste económico y ambiental que eso implica.

En Treurer, el alperujo se ha convertido en el corazón de su proyecto de economía circular. La finca mezcla el alperujo con las hojas y ramas trituradas del olivar para producir compost orgánico de alta calidad, que después se devuelve al suelo como fertilizante natural para los propios árboles. El círculo se cierra de forma elegante: lo que la aceituna genera al transformarse en aceite vuelve a nutrir la raíz del olivo que la produjo.

Este proyecto fue reconocido por el Consell de Mallorca, que lo seleccionó como beneficiario de la primera línea de subvenciones de economía circular del Departamento de Sostenibilidad y Medio Ambiente. La subvención —20.000 euros— supuso el impulso necesario para pasar de la idea a la realidad. El objetivo era claro: mejorar la problemática ambiental, reducir la huella ecológica y minimizar la generación de residuos oleícolas en la isla.

El proyecto se implantó en septiembre de 2022, en paralelo a la instalación de la nueva almazara de la finca. No fue una casualidad: renovar las instalaciones de producción y rediseñar la gestión de residuos al mismo tiempo es la manera más coherente de construir un sistema circular desde los cimientos.

Cómo se elabora el compost en Treurer: el proceso técnico

Entender por qué funciona el modelo de Treurer exige asomarse al proceso real. El compostaje del alperujo no consiste en amontonar residuos y esperar: requiere una gestión activa de la mezcla, la aireación y la humedad para que la materia orgánica se descomponga de forma controlada y sin generar olores ni lixiviados contaminantes.

En Treurer, el proceso sigue estas fases principales:

  1. Mezcla inicial: el alperujo fresco —con una humedad de entre el 25% y el 35%— se combina con los restos triturados de poda (ramas y hojas) en una proporción que equilibra el carbono de la madera con el nitrógeno de la pasta oleícola. Esta mezcla es clave: el alperujo solo tiende a compactarse y fermentar de forma anaeróbica, generando compuestos fitotóxicos.
  2. Fase termófila: durante las primeras semanas, la actividad microbiana eleva la temperatura de la pila por encima de los 55 °C, lo que elimina patógenos y semillas de malas hierbas. En esta fase se realizan volteos periódicos para garantizar la oxigenación uniforme.
  3. Maduración: tras la fase activa, el compost reposa entre tres y seis meses. Durante este período, los compuestos fenólicos del alperujo —responsables de su toxicidad inicial— se degradan progresivamente hasta niveles inocuos para el suelo.
  4. Aplicación al olivar: el compost maduro se incorpora al suelo alrededor de los olivos, aportando materia orgánica, mejorando la estructura del suelo y reduciendo la necesidad de fertilizantes de síntesis.

El resultado es un fertilizante rico en potasio, fósforo y micronutrientes, perfectamente adaptado a las necesidades nutricionales del olivar mediterráneo. Y, a diferencia de los abonos convencionales, no deja residuos de síntesis en el suelo ni en el aceite final.

Más prácticas de economía circular en el olivar

La economía circular en Treurer no se agota en el alperujo. La finca ha desarrollado un conjunto de medidas que afectan a cada rincón del proceso productivo. Aquí, una visión de conjunto:

  • Restos de poda como cubierta vegetal: en lugar de quemarlos —práctica habitual en la mayoría de olivares—, las ramas se trituran y se usan para cubrir las zonas peatonales de la finca, evitando herbicidas y protegiendo el suelo de la erosión.
  • Agua depurada del agroturismo: el sistema de riego del olivar se alimenta del agua tratada generada por los propios huéspedes del agroturismo, cerrando un ciclo que conecta directamente el consumo humano con la producción del aceite.
  • Energía solar fotovoltaica: las placas solares instaladas en la finca reducen la dependencia de la red eléctrica, con una inversión respaldada por una subvención de eficiencia energética para establecimientos turísticos.
  • Compostaje de alperujo: el subproducto principal de la almazara se transforma en fertilizante orgánico que regresa al olivar, eliminando el residuo en origen.
  • Proveedores y empleo local: la finca trabaja con proveedores del municipio de Algaida y emplea a personas de la zona, extendiendo el principio circular a la economía local.

Energía solar y agua reutilizada: los números que importan

Poner cifras a la sostenibilidad es lo que la hace creíble. En Treurer, la instalación fotovoltaica cubre una parte significativa del consumo energético de la almazara y el agroturismo durante los meses de mayor irradiación solar en Mallorca, reduciendo tanto la factura eléctrica como las emisiones asociadas. El agua depurada reutilizada para el riego evita extracciones adicionales de acuíferos en una isla donde la presión hídrica es un problema estructural creciente. Cada litro que vuelve al olivar es un litro que no se extrae del subsuelo.

Esta decisión conecta directamente con los principios de la agricultura regenerativa: no solo producir sin dañar, sino devolver al ecosistema más de lo que se le extrae. El suelo se mantiene vivo, la biodiversidad del olivar se preserva y el paisaje gana en coherencia.

Certificación y rigor agronómico

Las buenas intenciones sin verificación externa no bastan. Por eso, la gestión agrícola de Finca Treurer se realiza con criterios de producción integrada, un estándar certificado por la Conselleria d’Agricultura de les Illes Balears que garantiza que el cultivo del olivar se desarrolla con el mínimo impacto ambiental posible, combinando técnicas tradicionales con conocimiento agronómico actualizado.

Detrás de esta certificación hay un trabajo constante: control de plagas sin pesticidas innecesarios, gestión del suelo sin laboreo agresivo y un seguimiento técnico riguroso del estado de los árboles. Miquel Miralles, con formación en economía, derecho y más de quince años de experiencia en el sector oleícola, lidera este proceso junto a un equipo de ingenieros agrónomos que acompañan cada campaña.

La agricultura regenerativa que practica Treurer no es solo una etiqueta: implica devolver materia orgánica al suelo, mantener la cubierta vegetal y respetar los ciclos naturales del olivar. En un contexto de cambio climático y presión hídrica creciente en las Islas Baleares, estas prácticas no son un lujo, sino una necesidad estratégica para la supervivencia del cultivo a largo plazo.

El agroturismo como pieza de la economía circular

Hay una dimensión de la economía circular en Treurer que a menudo pasa desapercibida: el agroturismo. Cuando un visitante elige alojarse en la finca en lugar de un hotel de playa, contribuye directamente a financiar el mantenimiento del olivar, la maquinaria, las instalaciones y el equipo humano que hace posible un aceite de esta calidad.

No es una contribución abstracta. La poda, el riego, la recolección manual: todo tiene un coste real. El agroturismo —recientemente ascendido a cinco estrellas— genera los ingresos que permiten sostener un modelo productivo que, de otro modo, sería económicamente inviable sin comprometer la calidad o los estándares ambientales.

Además, la finca trabaja con proveedores locales y emplea a personas del municipio, generando una economía circular que distribuye la riqueza entre la comunidad de Algaida y el interior de la isla. Frente al turismo de costa, que concentra el impacto económico en pocos puntos, este modelo reparte el flujo de visitantes y el beneficio económico de forma más equilibrada.

El aceite de oliva virgen extra Treurer aparece en cada desayuno, en cada cata, en cada plato del restaurante de la finca. Esa coherencia entre lo que se produce y lo que se sirve es uno de los sellos del turismo gastronómico de calidad en Mallorca: el visitante no consume un producto traído de fuera, sino el fruto del mismo suelo que pisa.

Tradición mallorquina y economía circular: dos caras de la misma moneda

Hay algo profundamente mallorquín en la idea de no desperdiciar nada. Durante siglos, las familias del interior de la isla gestionaron sus recursos con una lógica circular por necesidad: el agua se recogía, los restos orgánicos se compostaban, los animales fertilizaban los campos. La modernidad rompió ese ciclo. Treurer lo está reconstruyendo con herramientas del siglo XXI.

La Serra de Tramuntana, inscrita como Paisaje Cultural Patrimonio Mundial por la Unesco en 2011, es el ejemplo más visible de cómo los sistemas agrícolas tradicionales de Mallorca pueden ser, al mismo tiempo, patrimonio cultural y modelo de sostenibilidad. Los olivares de Treurer, en el corazón de es Pla, pertenecen a esa misma tradición.

La economía circular no es una moda importada. En Mallorca, tiene raíces. Y en Finca Treurer, esas raíces llegan hasta los olivos: literalmente, el compost fabricado con alperujo y restos de poda alimenta los mismos árboles que llevan décadas dando fruto. Eso es patrimonio vivo. Eso es sostenibilidad con alma.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el alperujo y por qué es un problema ambiental?

El alperujo es la pasta sólida que queda tras extraer el aceite de la aceituna. Contiene restos de pulpa, piel y hueso, y durante décadas se clasificó como residuo peligroso por su potencial contaminante para suelos y acuíferos. En Treurer, este subproducto se transforma en compost orgánico que fertiliza el propio olivar, eliminando el problema en origen.

Salvador Galindo

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