Economía circular en Treurer
¿Puede un olivar mallorquín del siglo XVII ser un modelo de futuro? En Finca Treurer, la respuesta es sí. Mientras el debate sobre la sostenibilidad llena titulares, esta finca familiar de Algaida lleva años construyendo un sistema de economía circular real, concreto y medible: uno en el que cada subproducto del aceite de oliva vuelve a la tierra que lo generó, y nada se pierde por el camino.
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La finca se asienta en es Pla, la llanura central de Mallorca, frente al Puig de Randa. Joan Miralles plantó aquí tres mil olivos de variedad arbequina hace casi dos décadas con una idea clara: producir un aceite de oliva virgen extra que reflejara el carácter de la isla, natural, sostenible y honesto. Hoy, su hijo Miquel lidera el proyecto con la misma convicción, pero con herramientas más sofisticadas.
Lo que empezó como una apuesta familiar se ha convertido en una referencia del sector. Treurer ha recibido reconocimientos internacionales —medallas de oro en el NYIOOC de Nueva York y el primer puesto en la Guía Iber Oleum— y, al mismo tiempo, ha construido un modelo de prácticas sostenibles que va mucho más allá del marketing verde. La economía circular no es aquí un eslogan: es la arquitectura del negocio.
Como explica Miquel Miralles, “la tierra, el sol y los árboles producen el aceite; nosotros solo tenemos el trabajo de extraerlo con respeto, dedicación y altos estándares”. Esa filosofía impregna cada decisión agronómica y ambiental de la finca.
El gran reto ambiental de cualquier almazara es el alperujo: la pasta sólida que queda tras exprimir las aceitunas para extraer el aceite. Durante décadas, este subproducto se consideró un residuo problemático, difícil de gestionar y con potencial contaminante para el suelo y el agua.
En Treurer, el alperujo se ha convertido en el corazón de su proyecto de economía circular. La finca mezcla el alperujo con las hojas y ramas del olivar para producir compost orgánico de alta calidad, que después se devuelve al suelo como fertilizante natural para los propios árboles. El círculo se cierra de forma elegante: lo que la aceituna genera al transformarse en aceite vuelve a nutrir la raíz del olivo que la produjo.
Este proyecto fue reconocido por el Consell de Mallorca, que lo seleccionó como beneficiario de la primera línea de subvenciones de economía circular del Departamento de Sostenibilidad y Medio Ambiente. La subvención —20.000 euros— supuso el impulso necesario para pasar de la idea a la realidad. El objetivo era claro: mejorar la problemática ambiental, reducir la huella ecológica y minimizar la generación de residuos oleícola en la isla.
El proyecto se implantó en septiembre de 2022, en paralelo a la instalación de la nueva almazara de la finca. No fue una casualidad: renovar las instalaciones de producción y rediseñar la gestión de residuos oleícola al mismo tiempo es la manera más coherente de construir un sistema circular desde los cimientos.
La economía circular en Treurer no se agota en el alperujo. La finca ha desarrollado un conjunto de prácticas sostenibles que afectan a cada rincón del proceso productivo, desde la poda hasta el riego, pasando por la energía.
En la mayoría de los olivares, los restos de poda se queman. Es la práctica habitual, rápida y barata. En Treurer, en cambio, esas ramas se trituran y se utilizan para cubrir las zonas peatonales de la finca, evitando el crecimiento de hierbas no deseadas sin recurrir a herbicidas, y armonizando visualmente con el entorno natural. Un gesto aparentemente pequeño que elimina emisiones, protege el suelo y prescinde de productos químicos.
Esta decisión conecta directamente con los principios de la agricultura regenerativa: no solo producir sin dañar, sino devolver al ecosistema más de lo que se le extrae. El suelo se mantiene vivo, la biodiversidad del olivar se preserva y el paisaje gana en coherencia.
Treurer también ha apostado por la autonomía energética. La finca cuenta con placas solares que reducen su dependencia de la red eléctrica, una inversión que también recibió respaldo institucional a través de una subvención para proyectos de eficiencia energética y economía circular en establecimientos turísticos.
El agua es otro recurso que se gestiona con criterios circulares. El sistema de riego del olivar se alimenta del agua depurada generada por el propio agroturismo, cerrando otro bucle: el agua que consumen los huéspedes vuelve, tratada, a nutrir los mismos olivos que producen el aceite que encuentran en su mesa cada mañana. Pocos ejemplos ilustran mejor qué significa la economía circular en la práctica.
Las buenas intenciones sin verificación externa no bastan. Por eso, la gestión agrícola de Finca Treurer se realiza con criterios de producción integrada, un estándar certificado por la Conselleria d’Agricultura de las Illes Balears que garantiza que el cultivo del olivar se desarrolla con el mínimo impacto ambiental posible, combinando técnicas tradicionales con conocimiento agronómico actualizado.
Detrás de esta certificación hay un trabajo constante: control de plagas sin pesticidas innecesarios, gestión del suelo sin laboreo agresivo y un seguimiento técnico riguroso del estado de los árboles. Miquel Miralles, con formación en economía, derecho y más de quince años de experiencia en el sector oleícola, lidera este proceso junto a un equipo de ingenieros agrónomos que acompañan cada campaña.
La agricultura regenerativa que practica Treurer no es solo una etiqueta: implica devolver materia orgánica al suelo, mantener la cubierta vegetal y respetar los ciclos naturales del olivar. En un contexto de cambio climático y presión hídrica creciente en las Islas Baleares, estas prácticas no son un lujo, sino una necesidad estratégica para la supervivencia del cultivo a largo plazo.
Hay una dimensión de la economía circular en Treurer que a menudo pasa desapercibida: el agroturismo. Cuando un visitante elige alojarse en la finca en lugar de un hotel de playa, contribuye directamente a financiar el mantenimiento del olivar, la maquinaria, las instalaciones y el equipo humano que hace posible un aceite de esta calidad.
No es una contribución abstracta. La poda, el riego, la recolección manual: todo tiene un coste real. El agroturismo —recientemente ascendido a cinco estrellas— genera los ingresos que permiten sostener un modelo productivo que, de otro modo, sería económicamente inviable sin comprometer la calidad o los estándares ambientales.
Además, la finca trabaja con proveedores locales y emplea a personas del municipio, generando una economía circular que beneficia a la comunidad de Algaida y al interior de la isla. Frente al turismo de costa, que concentra el impacto económico en pocos puntos, este modelo distribuye la riqueza y el flujo de visitantes de forma más equilibrada.
El aceite de oliva virgen extra Treurer aparece en cada desayuno, en cada cata, en cada plato del restaurante de la finca. Esa coherencia entre lo que se produce y lo que se sirve es uno de los sellos del turismo gastronómico de calidad en Mallorca: el visitante no consume un producto traído de fuera, sino el fruto del mismo suelo que pisa.
Hay algo profundamente mallorquín en la idea de no desperdiciar nada. Durante siglos, las familias del interior de la isla gestionaron sus recursos con una lógica circular por necesidad: el agua se recogía, los restos orgánicos se compostaban, los animales fertilizaban los campos. La modernidad rompió ese ciclo. Treurer lo está reconstruyendo con herramientas del siglo XXI.
La Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 2011, es el ejemplo más visible de cómo los sistemas agrícolas tradicionales de Mallorca pueden ser, al mismo tiempo, patrimonio cultural y modelo de sostenibilidad. Los olivares de Treurer, en el corazón de es Pla, pertenecen a esa misma tradición.
La economía circular no es una moda importada. En Mallorca, tiene raíces. Y en Finca Treurer, esas raíces llegan hasta los olivos: literalmente, el compost que fabrican con sus propios residuos oleícola alimenta los mismos árboles que llevan décadas dando fruto. Eso es patrimonio vivo. Eso es sostenibilidad con alma.
El alperujo es la pasta sólida que queda tras extraer el aceite de la aceituna. Contiene restos de pulpa, piel y hueso, y durante décadas se clasificó como residuo peligroso por su potencial contaminante para suelos y acuíferos. En Treurer, este subproducto se transforma en compost orgánico que fertiliza el propio olivar, eliminando el problema en origen.
Treurer ha recibido varias ayudas institucionales: una subvención de 20.000 euros del Consell de Mallorca para su proyecto de economía circular y compostaje de alperujo, y otra subvención para la instalación de paneles fotovoltaicos y un sistema de riego con agua depurada del agroturismo, enmarcada en la línea de eficiencia energética y economía circular para establecimientos turísticos.
La certificación de Producción Integrada, expedida por la Conselleria d’Agricultura de las Illes Balears, garantiza que el cultivo del olivar combina técnicas tradicionales con criterios agronómicos modernos para minimizar el impacto ambiental. Implica control de plagas sin pesticidas innecesarios, gestión responsable del suelo y seguimiento técnico continuo del estado de los árboles.
El agroturismo genera los ingresos que permiten financiar el mantenimiento del olivar, la maquinaria y el equipo humano necesarios para producir un aceite de alta calidad con estándares ambientales exigentes. Además, el agua depurada del agroturismo se reutiliza para regar el olivar, cerrando un ciclo de economía circular que conecta directamente a los huéspedes con la producción del aceite.
Sí. Treurer ofrece visitas guiadas a la finca y su almazara, donde puedes conocer de primera mano el proceso de producción del aceite de oliva virgen extra y las prácticas de economía circular que aplican. La mejor época para vivir la experiencia completa es entre octubre y diciembre, durante la recolección manual de la aceituna.
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